Dice una amiga que la deprime escuchar las noticias de este país. Dice que le angustia ese proceso de poner la radio a buena mañana o darle al botón del control remoto de la televisión porque sabe que lo que se encontrará en voz de los periodistas, analistas y políticos de turno solo la llena de desesperanza.
Por ello, dice que también se niega a ver su Twitter antes de tomarse la primera o la segunda taza de café para no encontrarse con una hilera de accidentes, de asaltos, de enfrentamientos armados, de balas, de muertos que bajan por su TL de mensaje en mensaje burlándose de ella, doliéndole de a poquitos, sacándole la lengua a las buenas vibras con que despierta por las mañanas… Y es que, jura por lo más santo del mundo, que en ese resbaladero de malas noticias termina deslizándose su buen ánimo matutino para esconderse, a rastras, debajo de la cama, junto a algún calcetín olvidado…
- Pero al final, siempre te levantas…
- Sí…
- ¿Por qué, si tú no puedes cambiar nada de eso?
- Quizás…
- ¿Entonces?
- No sé…
- ¡Viven más los políticos de esas malas noticias que uno! ¡Vivimos más los periodistas de dar malas noticias que los lectores de leerlas!
- Sí, eso es seguro… pero también sé que quedándome en la cama no voy a cambiar nada de este país… Entonces, me levanto a echar punta… A hacer mi poquito por cambiar esto..
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