No creo en que los cambios se den de la noche a la mañana, ni mucho menos que estos se den por arte de magia. Menos, cuando éstos dependen de políticos que han jugado a que las cosas se mantengan igual por muchos años….
… Este 1 de febrero, Sigfrido Reyes asumió la presidencia de la Asamblea Legislativa y prometió –como lo había hecho durante los últimos días ante cuanto periodista con grabadora en mano se puso frente- que las cosas cambiaran en el primer órgano del Estado.
Leyendo entre líneas en su discurso que dirigido al pleno, entre otras cosas, el nuevo presidente de la Asamblea Legislativa nos prometió mayor apertura al quehacer legislativo y una gestión administrativa de la institución más transparente… Nos dijo, en resumen, que durante los 15 meses que dure su gestión, adoptará una política de “puertas abiertas”. Y quisiera creerle… Pero, no es así.
No se puede confiar en las palabras de Reyes cuando lo que promete es algo que, como él reconoció después, depende de la voluntad conjunta o, en su defecto, de la mayoría en la Junta Directiva… Depende, entonces, a pesar de las buenas intenciones de Reyes, del resto de diputados directivos... Y mire, aquí entre nos, no se puede confiar en ellos…
Pongo ejemplos para que nos entendamos. En 2007, la Junta Directiva –o parte de ella, porque nunca se supo el nombre del padre de esa criatura- definió un aumento salarial para los diputados que oscilaba entre los un mil 840 y dos mil 920 dólares, según las funciones que cada uno desempeñaba. Para hacerlo efectivo, el aumento tuvo que tener el visto bueno de la directiva y ser aprobado por el resto en el pleno. Y así fue: Los primeros firmaron el acuerdo; los segundos, lo aprobaron con dispensa de trámite el 27 de septiembre de 2007 con 75 votos. El despelote que se armó en los medios de comunicación frenó el aumento y el cuento pasó a la historia de las cosas que se negocian a puertas cerrada, se aprueban sin mayor o ninguna discusión y luego se piden “disculpas” por el error cometido.
¿Suficiente? No, otro ejemplo para ver cómo funcionan las cosas en la junta directiva. Un día definieron que no era necesario dar a conocer públicamente los listados de asistencia de los diputados a sus respectivas comisiones o a las mismas sesiones plenarias… Otro ejemplo: según ellos, no es necesario conocer quién, con nombre y apellido, vota por qué cosa en el pleno, así lo dispusieron porque cualquier persona se puede dar cuenta de eso cuando se vota electrónicamente y se ilumina por cuatro o cinco minutos, cuando mucho, cada votación en un tablero electrónico… Vamos de nuevo, la junta directiva creyó conveniente que los ciudadanos no tenemos derecho a saber cuántas personas son contratadas por cada partido político… ¿Sigo? ¿Sabía usted que las decisiones de la junta directiva de la Asamblea Legislativa se toman a puerta cerrada? Así, a puerta cerrada se definió la misma decisión que Reyes compartiera la presidencia de la Asamblea en esta legislatura…
En cada una de esas decisiones, siempre privó el silencio y el secretismo… Incluso, ni a manera de denuncia, los partidos políticos, esos que se rasgan las vestiduras diciendo que no estaban de acuerdo, dijeron una palabra… Y esto no ha cambiado. Le he preguntado personalmente a Reyes cuánta gente tienen contratada cada partido político en la Asamblea Legislativa, cuánto cuesta ello al erario público y bajo qué criterios se definen la cantidad de plazas otorgadas. Nunca ha respondido. Él se ha disculpado por no hacerlo y dice que no tiene la información disponible… ¿Ni la de la fracción del FMLN? No.
En fin, Reyes dice que lo hará cuando tenga toda la información…
…. Pero no termino de creerle porque sé que todo pasa por que se pongan de acuerdo en esa junta directiva. Aún cuando Reyes diga que tiene toda la disponibilidad de hacerlo, toda la buena voluntad, todos los mejores deseos… Siempre, ahí en esa institución, todo tendrá que pasar por el consenso de la “cola pateada” y del “techo de cristal” con que se manejan los partidos políticos…
¿Acceso a la información en el parlamento? No lo creo, más allá del viejo método de conseguir documentos bajo de agua por aquí y por allá… ¿Transparencia? Menos, toda vez que esta significa que existan mecanismos de rendición de cuentas desde los propios funcionarios… ¿Usted cree en duendes? Yo, no gracias... ¡paso!
Excelente, mi estimado Rodrigo, buena apreciación del cambio de riendas en la asamblea. Salud!
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