miércoles, 10 de junio de 2009

Periodismo y cosmetología

Creo que el silencio no es una opción en el periodismo… Tanto no lo es, como no lo es para un médico definir si salva o no salva una vida. Éste, de no hacerlo, estaría faltando al juramento ético que se hizo consigo mismo cuando se le pasó por la cabeza la más mínima idea que quería optar por esa profesión.

De igual forma, el periodista tiene un compromiso ético con dar a conocer la verdad, el compromiso de no quedarse callado, más cuando la sociedad –aparte de los impulsos naturales que te llevan a querer saberlo todo, de reventar una bomba en el mero corazón de donde se toman las decisiones política y sociales de un país- le ha conferido históricamente ese papel de salvaguarda frente al poder… ¿Qué esta opción conlleva riesgos? ¡Claro que sí! ¿Qué esto riesgos hay que asumirlos aun so pena de mi propia integridad? ¡Como no, por eso soy periodista y no cosmetólogo, profesión en la que el riesgo mayor que corro es una puteada por un tinte mal hecho!

No creo en el silencio aun si este está cimentado en ese sentimiento natural del miedo… No creo que el silencio sea una opción… Si es así lo fuera, mejor me voy a un salón de belleza y me asfixio con el intoxicante aroma de la fabricación de uñas acrílicas y del pelo quemado a fuerza de secadora… Ahí, entre viejas putas preocupadas por el tamaño de sus cejas y pestañas, quizás les pueda contar que en otra vida soñé que jugaba a ser periodista…

- Fijese, doña fulanita de tal, que en ese sueño supe cosas que nadie supo
- No me diga, Rodri…
- Si, claro…. Tanta cosa…
- ¡Me imagino!... ¿Y era periodista de modas? ¿Periodista de espectáculos? O, el mejor de todos, ¿prensa del corazón?
- ¡Que va doña fulanita de tal! Era periodista general… de esos que ven política, economía y toda cosa… Algo así como el presidente… solo que sin intenciones de ser famoso.
- ¿Y qué sabia en sus sueños?
- Que en este país hay gente que hace lo que quiere porque tiene agarrado del chiquito a todo el mundo… Que son capaces de comprar jueces, magistrados, diputados, fiscales, políticos de poca y mucha monta…
- … ¿En serio? ¿En este país?
- ¡Sí!
- ¿Y qué más?
- Nada… eso no importa… De todos modos no se podía decir nada porque era conveniente… Digo, no era seguro para uno, pues… Pero que eso ya no importa, ¿Qué le parece si le pongo un tinte platinado? ¡Quedaría divina!

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